¿Quiénes son los laicos?

«Ser laico» hoy es formar parte de un itinerario vocacional que debe ser asumido, que debe generar compromiso, testimonio y comprensión, en un camino de construcción de la autonomía y de búsqueda de la madurez en la fe. Ser laico en la Iglesia hoy es participar en el bautismo recibido, haciendo una opción por Cristo y por el Reino anunciado por Él y como Él en la misma condición de la cual todos fuimos ungidos, consagrados y enviados como sacerdotes, reyes y profetas. Significa dar vida a una causa, dejarse tocar por Dios y reflejar esta experiencia en acciones concretas en la historia, en la vida cotidiana y frente a todos los dramas y trampas humanas que la sociedad nos presenta. Ser laico en la Iglesia hoy es buscar/ seguir a Jesús de una manera adecuada, libre y sin ataduras, guiados por él Espíritu que nos llama e invita a servir, específicamente, en el mundo de las migraciones. No olvidemos que Jesús de Nazareth fue ante todo un laico. El Hijo de Dios pasó por este mundo haciendo el bien.

 

¿Qué papel desempeñan los laicos y que dificultades encuentran en su trabajo cotidiano con los migrantes?

Evidentemente, este camino propio se realiza en una obra de comunión, en una dinámica de crecimiento mutuo, por la cual ninguna persona es más importante que otra ni ocupa el centro, sólo Cristo es el centro y acerca de Él cada vocación desarrolla y alimenta su carisma. Sin embargo, en la actual situación eclesiástica, cuando vemos crecer el clericalismo y el conservadurismo, el moralismo y el fundamentalismo hay que decir que los laicos deben avanzar hacia más espacios o deben convertirse en resistencia en los pocos espacios que poseen. Es necesario decir que, en ciertos ambientes, existen y que tienen voz propia, llamando la atención sobre lo que es específico de su vocación/misión.

Los laicos están llamados a un servicio en el mundo con sus retos y exigencias, penas y alegrías. Por eso es fundamental fortalecer la dimensión pública de la fe, el trabajo construido en la vida cotidiana, el esfuerzo por decidir hacer algo para construir una nueva sociedad. Este es el campo específico de los laicos. Se crea también una nueva sociedad con una nueva concepción política, con una nueva percepción de los dramas familiares, con una mirada atenta a los jóvenes y, especialmente, al mundo de las migraciones en donde los migrantes no valen y son excluidos de este sistema económico que explota, destruye y mata.

Todavía faltan mucho diálogo y mucha confianza en nuestros hermanos y hermanas laicos y laicas y muchas veces se les mira como concurrentes y hasta como enemigos. Desgraciadamente, las relaciones humanas siguen cargadas de intereses, concurrencia y dominación en lo cotidiano de la existencia humana y en relación con la creación, nuestra casa común. Es urgente una nueva mirada para una relación nueva cargada de sensibilidad, solidaridad y fraternidad entre todos los seres humanos.

En el principio Dios: “…creó al hombre y a la mujer y los creó a su imagen y semejanza” y así fue. “Dios vio que todo lo que había hecho era muy bueno” (Gn. 2, 27.31)

 

¿Cómo pueden crecer en su servicio entre los migrantes?

Mirándolo de esta manera, que intentar presentarse, sino que serán vistos como una parte constitutiva de la misión de la Iglesia en el mundo, donde a través de sus vidas y testimonios, buscan transformar las estructuras y santificar la vida a su alrededor. Esta es la propuesta que se presentó al Concilio Vaticano II y que debe ser rescatada, recuperada y retomada.

El laico es una parte constitutiva de la misión eclesial y esta misión no puede ser pensada sin él. El laico no es el destino de la misión, como el que será traído, evangelizado o conquistado, sino que es el sujeto de su propia fe (doc. 105 de la CNBB) y debe caminar a su manera. Esto es lo que dice el Documento de Aparecida (2007), al afirmar que los laicos tienen su propia forma de ser y hacer Iglesia, y que ésta debe ser construida con autenticidad y coherencia.

En la medida en que ellos son respetados en la dignidad y valorados en sus capacidades, todos ganarán con su presencia, ser y actuar en la historia. Los mismos migrantes como laicos, sujetos y protagonistas son llamados a participar del mismo proceso de participación y de cambio de la realidad, porque cuando el migrante se mueve, la historia también se mueve. El crecimiento será de todos cuando participamos del mismo camino de comunión: laicos, migrantes y agentes. Ya no se puede separar, ni tampoco hablar al singular. Ahora, más que nunca, la solución se encuentra dentro deNOSOTROS en la medida en que cada uno participe en el proceso de construcción y de cambio.

Los laicos(as) son necesarios e imprescindibles en la misión de la Iglesia y en el carisma Scalabriniano para transformar el mundo, un mundo en el que todos tengamos lo necesario para vivir con dignidad, en paz y en armonía en nuestra casa común.

Cuando logramos entender y vivir la encarnación del Salvador en la historia que se identificó con el migrante, el pobre, enfermo, necesitado… y con cada uno de nosotros, todo cambia en la vida y, juntos, todo podemos cambiar.

P. Mário Geremia, misionero Scalabriniano, es Consejero General en la Congregación Scalabriniana y responsable de la misión y la coordinación de los asistentes religiosos de los laicos.