Los scalabrinianos: “Al lado de quien huye para ayudarle a entrever nuevas perspectivas”
El domingo 27 de septiembre en todo el mundo se celebró la Jornada mundial del Migrante y del Refugiado. Convocada por la Iglesia por primera vez en 1914 y celebrada el último domingo de septiembre, esta celebración es una ocasión para “demostrar la preocupación para las diferentes categorías de personas vulnerables en movimiento, orar para ellos durante sus numerosos retos” (como se puede leer en el sitio web de la Sección Migrantes y Refugiados que, para prepararse al evento, bajo la invitación del Papa Francisco, ha dispuesto una serie de videos para conocer más profundamente la realidad de este fenómeno). Sin duda, este día es también una oportunidad para invertir el conocimiento del fenómeno, mostrando las oportunidades y las implicaciones positivas.
Una lucha desigual
La 106e edición se centra sobre la pastoral de los desplazados internos (o Internally Displaced People – IDP) y el título elegido por Papa Francisco para su mensaje es Como Jesucristo, obligados a huir. Están obligados porque se trata de una lucha desigual, las posibilidades de sobrevivir son casi nulas. Obligados a huir, la mayoría de las veces al interior de su propio país, a veces al país al lado. Y demasiadas veces se quedan huyendo, porque la vuelta es imposible. Refugiados, sin casa, sin la coordinación donde se puedan articular los significados y donde la vida adquiere un sentido.
Son tres los puntos que los scalabrinianos han individuado para un correcto enfoque al fenómeno migratorio, acontecimientos cuya frecuencia está aumentando poco a poco: estudio y análisis de las causas, intervención entre personas vulnerables y atención global.
Una sociedad esquizofrénica
Entonces, primero de todo, no se pueden ignorar las razones que empujan a los migrantes a abandonar sus propias casas. “A propósito de este aspecto, la sociedad sufre de esquizofrenia. Por un lado, se ha difundido el conocimiento sobre la influencia del comportamiento humano sobre el cambio climático. Los jóvenes, a los cuales les quedará un mundo mucho más danado que lo que conocemos, lo han convertido en su propia batalla. Por otro lado, hay siempre más líderes que niegan la evidencia basándose en sus ganancias económicas inmediatas y todos, jóvenes incluidos, tenemos comportamientos poco coherentes. Nos lo recuerdan las imágenes de ríos llenos de plástico”.
Ahora más que nunca no solo es necesaria la intervención directa entre los que están obligados a huir “al igual que los que están obligados a quedarse a causa de la pandemia COVID-19”, sino también “la ayuda para que las vidas se puedan volver a construir y haya la posibilidad de un trayecto en autonomía, sostenible, sin depender de la asistencia. En los últimos tiempos la congregación ha actuado en este sentido”.
Las iniciativas scalabrinianas
Se hace referencia a las iniciativas scalabrinianas como la en Haití después del terremoto, en Filipinas después del tifón Haiyan y otra vez a las iniciativas para los haitianos en América del Sur o a los venezolanos en Colombia. “Como Scalabrini veía en las migraciones, objetivamente causa de sufrimiento, la posibilidad de progresos inesperados – concluye la Dirección general – nosotros también tenemos que estar al lado de quien huye para ayudar a entrever nuevas perspectivas. (…). La Jornada mundial del Migrante y del Refugiado, que nos ve casi todos inmóviles y obligados a hacer lo mínimo, debe ser una ocasión para prepararnos a socorrer a los que se verán obligados a huir que, en el futuro, serán siempre más numerosos”.
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