Francisco: un papa migrante con los migrantes
La sensibilidad y la atención hacia los migrantes, los refugiados y las víctimas de la trata han sido algunas de las principales cualidades que han caracterizado el ministerio y el magisterio del papa Francisco, que regresó a la casa del Padre el 21 de abril de 2025. Este breve recuerdo no pretende presentar una síntesis exhaustiva de las enseñanzas de este pontífice sobre los temas de la movilidad humana. Esta es una tarea que habrá que abordar en los próximos años, estudiando con atención las innumerables intervenciones que Francisco ha dedicado a las personas en movimiento: se trata de discursos, homilías, reflexiones y oraciones que se han recopilado, al menos hasta diciembre de 2022, y que el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha puesto a disposición en https://migrants-refugees.va/it/risorse/raccolta/.
Al mismo tiempo, queremos presentar aquí cinco elementos esenciales de la acción y el pensamiento de Francisco sobre y con los migrantes. El primero es que, para este pontífice, la cuestión de las migraciones es personal. En su visita a la Casa Blanca en septiembre de 2015, expresó una dimensión fundamental de su propia identidad: «Como hijo de una familia de emigrantes, me complace ser huésped en esta nación, que en gran parte fue construida por familias similares». Francisco es particularmente sensible a los fenómenos migratorios y sus implicaciones, también porque forman parte de su experiencia y de su historia personal y familiar. En segundo lugar, la atención y el cuidado de los migrantes forma parte integrante de su ministerio y magisterio. Así lo demuestra la histórica visita a Lampedusa pocos meses después de su elección, una visita que debe interpretarse en el marco de una visión más amplia: la prioridad de las periferias y sus habitantes —las personas más vulnerables, los últimos, los excluidos— para la acción y el pensamiento de una Iglesia en salida. Francisco nunca ha dejado de defender y promover la dignidad y la vida de quienes son víctimas de la «cultura del descarte» (Evangelii gaudium, EG 53); al mismo tiempo, ha sostenido que hay que leer la historia y la realidad actual a partir de estos márgenes poblados por una humanidad herida y frágil, pero al mismo tiempo rica en valores y fe, una humanidad de la que se puede y se debe aprender (EG 198). En tercer lugar, su capacidad para leer y conectar de manera orgánica el difícil camino de los migrantes y refugiados con el propio camino de la Iglesia, una Iglesia que debe aprender a caminar juntos —sinodalmente— también porque es esencialmente «misterio que hunde sus raíces en la Trinidad, pero que tiene su concreción histórica en un pueblo peregrino y evangelizador, que siempre trasciende toda expresión institucional, por necesaria que sea» (EG 111). Para Francisco, los migrantes no son solo mujeres y hombres que recuerdan a la Iglesia su naturaleza migrante y peregrina, sino que son la Iglesia que es madre de todos (EG 210).
En cuarto lugar, la importancia pastoral y teológica de este tema, que se ha expresado de diversas maneras y, más recientemente, en el Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2024, donde se afirma: «Dios no solo camina con su pueblo, sino también en su pueblo, en el sentido de que se identifica con los hombres y mujeres que caminan a través de la historia —en particular con los últimos, los pobres, los marginados—, como prolongando el misterio de la Encarnación». En quinto y último lugar, partiendo precisamente de estas profundas convicciones, Francisco se ha convertido en «migrante con los migrantes», comenzando con el ya mencionado viaje a Lampedusa en 2013, seguido de otros viajes como el de Ciudad Juárez en México en 2016; a Lesbos, Grecia, en 2016 y 2021; y otros numerosos encuentros que él mismo ha buscado con refugiados y migrantes durante sus viajes por el mundo y por Italia. De este modo, ha humanizado y hecho dignos de atención y cuidado pastoral, espiritual y teológico a los migrantes, los refugiados y las víctimas de la trata, personas a menudo denigradas por los poderosos de la tierra y representadas negativamente por los medios de comunicación.
En continuidad con la enseñanza bíblica que él mismo ha repetido en sus intervenciones y con la tradición de la Iglesia, Francisco deja a la Iglesia la tarea, a menudo ardua y controvertida en nuestros tiempos, de valorar, profundizar y aprovechar la rica herencia humana, espiritual y teológica sobre las migraciones que él ha vivido y enseñado durante su pontificado.