Del 7 al 9 de junio se celebró el VI Simposio Internacional sobre Migración y Religión, organizado en colaboración entre el Programa de Estudos Pós-Graduados em Ciência da Religião (PUC-SP), Missão Paz – CEM (Centro de Estudos Migratórios) de São Paulo (Brasil) y el SIMI.

El título elegido para el Simposio de este año Acolher, Proteger, Promover, Integrar: Conjuntos y Desafíos de las Migraciones en América Latina recuerda los cuatro verbos de acogida propuestos por el Papa Francisco. Entre los ponentes se encontraba también el H. Gioacchino Campese. Compartimos algunos extractos de su discurso y de los saludos de apertura y clausura del Simposio por parte del P. Aldo Skoda, Director del SIMI.

En su discurso de apertura, P. Skoda recordó cómo “el camino iniciado hace varios años se ha visto cada vez más enriquecido por nuevas colaboraciones y competencias que testimonian la urgencia y la importancia de las dinámicas migratorias en América Latina y, en particular, la dimensión religiosa.

Desde el principio, el SIMI ha coparticipado en esta iniciativa con la convicción de que los fenómenos complejos necesitan una respuesta orgánica, sistémica e interdisciplinaria. Los 4 verbos del Papa Francisco que tematizamos en este simposio son un impulso a la reflexión y a la acción concreta ante los acontecimientos globales que están cambiando el rostro de nuestras sociedades y comunidades cristianas. Los retos del desarrollo en una perspectiva ecológica integral exigen la responsabilidad de todos sin distinción”. El P. Skoda concluyó su discurso con unas palabras del Papa Francisco “que también se hacen eco de otros mensajes de sus predecesores: ‘Invito a la esperanza, que “nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive… La esperanza es audaz”. (FT, 55)”.

En su intervención, Fr. Campese destacó como “Las consecuencias demográficas de la pandemia son signifícativas: han muerto casi 3.8 millones de personas en todo el mundo, muchas de ellas ancianos sobretodo en Europa y también más jóvenes en naciones como Brasil, Perú, India, etc. En China, EE.UU., Italia, Alemania, Francia, Inglaterra, etc. los índices de natalidadhan bajado, mientras en India, Indonesia, Uganda, Filipinas parece que están subiendo. En este sentido, de acuerdo con el demógrafo Joseph Chamie, afirma que no importa si estamos en favor, en contra o somos indiferentes, pero uno de los impactos más importante de la pandemia va a ser el crecimiento del número de personas que van a querer migrar. De hecho diferentes países han cerrado las fronteras para impedir la difusión del Covid-19, con poco éxito (véase la recién difusión de la variante indiana del virus en Inglaterra), pero esto no va a detener el movimiento de millones de personas cuya situación de pobreza, violencia, deterioro ambiental, etc. ha empeorado ulteriormente”. Sin embargo,  “la pandemia, a pesar de la muerte y el sufrimiento que nos ha causado, nos está ofreciendo la oportunidad de pararnos un momento, evaluar criticamente la situación actual y empezar de nuevo con criterios/normas nuevas…unos de estos criterios son seguramente los cuatro verbos del título de este simposio que no representan solo un programa eclesial, sino trazan unas pautas de renovación social y política para la movilidad humana y, en general, para una vida digna en nuestras sociedades”.

P. Skoda, en su mensaje final, recordó cómo en las palabras del Papa “podemos vislumbrar algunas vías de reflexión que ofrecen un nuevo paradigma de interpretación y acción. Se trata entonces de acciones hacia todos los vulnerables, acciones que implican a todos; de estar dispuesto a leer los signos del Espíritu dentro de estos fenómenos a veces dramáticos, pero sin embargo llenos de esperanza; de ampliar el horizonte de interpretación y de acción ante el fenómeno migratorio para ir más allá de la emergencia y de la crisis, de la explotación de los migrantes y de los refugiados con fines políticos, de la ideología del “securitismo”, del populismo galopante y de las manifestaciones del neonacionalismo que estamos presenciando a nivel global”.  En este sentido es muy importante papel de las mujeres y los jóvenes en los procesos de transformación de las sociedades y las comunidades cristianas”. A menudo “encontramos una división artificial entre el cristianísimo y el contexto social, político, económico, etc. en competición o en conflicto entre ellos. La visión ecológica-integral, en cambio, llama a todos los actores sociales, políticos, económicos y pastorales a la corresponsabilidad también en el ámbito de la movilidad humana”.